Chancadito.

¡Jimmy, Jimmy the sweeper section number two, apúrate puñeta! Gritaba Rudy por el altavoz
que se escuchaba por todo el grandísimo warehouse.
Jimmy, que era su nombre real se alegraba que lo llamara su supervisor favorito y se reía de la
frase que utilizaba para hacerlo mientras repetía – puñeta, puñeta, puta que pendejo el boricua
-
Lo primero que me dijo cuándo lo conocí fue lo difícil de acostumbrarse a trabajar en el tercer
turno y que hiciera todo lo posible por mantenerme despierto. Comenzar a las nueve de la
noche y terminar a las cinco de la mañana o más no era una tarea fácil.
Durante ese tiempo las pase negras porque me dormía infinidad de veces y hasta soñaba
mientras caminaba, bastaba recostarme contra la pared para que Morfeo se hiciera presente
invitando al profundo e inmisericorde sueño.
Despertaba sobresaltado y asustado entre cajas y paletas dentro de un camión que me había
tocado trabajar preocupado por si había algún supervisor cercano que me pudiera reportar.
Jimmy me dijo entonces que era mejor turnarnos para dormir alguito siquiera una media horita.
Así buscábamos un camión en la puerta de carga más lejana y mientras uno dormía el otro
laboraba cerca para pasar la voz a tiempo y no pase nada que pudiera perjudicar nuestro
trabajo.
Al igual que yo él manejaba el montacargas o fork-lift como también se le conoce y lo hacía muy
bien, ya tenía como seis meses en el puesto y estaba bien considerado en la compañía. Siempre
me repetía que Rudy el boricua supervisor de su sección, era un excelente tipo gran
colaborador aunque bastante exigente.
- Puta hermano a mí me ha ayudado bastante este boricua por eso cuando me pide un favor yo
vuelo, sabes que le encanta la jalea y la parihuela, se muere por esos platos.
Así mientras me contaba lo del boricua íbamos a los Valles Encantados un conocido restaurante
de comida peruana a pedir la famosa parihuela para Rudy.

A las ocho y media de la noche ya estábamos en la esquina de Rodgers con la avenida Harrison
esperando el carro que nos llevaría a G.A.D. Inc. Así se llamaba la compañía donde
trabajábamos. Cuando ya tuve una semana en el puesto recordaba el primer día que Gustavo el
chofer de Abecco, nuestra agencia de empleos, me pasó la voz para este nuevo puesto en la
noche.
Llegué entonces a la esquina de siempre y encontré a Jimmy esperando también la movilidad.
Cuando llegó la camioneta y entramos pude ver a dos personas, uno se llamaba Rafael y el otro
Omar, sí, el mismo que tuvo la bronca con Charlie.
Partió el carro raudo rumbo al trabajo a pasar la primera noche, la prueba de fuego con la
consigna de no quedarse dormido.
Éramos cuatro los que estábamos designados a ese warehouse y además todos hispanos que
sentíamos muchas veces el racismo de parte del personal, especialmente de los
afroamericanos.

Jimmy era algo extraño y definitivamente ya tenía muchos demonios dentro que se
manifestaba en su trato por ratos algo hosco y violento. Conforme iba conociéndolo me di
cuenta que no tenía amigos, digamos gente que pudiera frecuentarlo. Siempre hablaba de su
estadía en California y cualquier tema lo relacionaba con California que allá era chevere, que
allá estaba su novia y siempre repetía que iba a volver para quedarse definitivamente.
Alguna vez me contó de lo difícil que fue su niñez de un padre que lo rechazaba, de las golpizas
que recibía por sus travesuras y sus malas juntas, de los problemas familiares y la marginación
de parte de ellos que lo marcaron convirtiéndolo casi en un resentido social, alguien que solo
buscaba algo de cariño donde sea donde fuera. Me decía que trabajó de todo en Lima, pasando
por ambulante, palanca de microbus y cargador de verduras y papas en la parada. De su suerte
con las mujeres frase que repetía siempre ufanándose de ser un don Juan cosa que parecía
solamente una fantasía que albergaba inocentemente en su cabeza, como una suerte de
aliento personal para su casi ausente amorío con las féminas.
Me fui dando cuenta que era difícil ser su amigo porque él consideraba la amistad casi como
una propiedad. Así, aunque parezca increíble él decía o decidía quienes podrían ser las
amistades de sus amigos.

Jimmy consideraba a Omar su enemigo por lo tanto yo estaba prohibido de hablarle y cuando lohice me gané su eterna bronca.

El warehouse era grande muy frío durante el invierno, los portones estaban siempre abiertos
para la llegada de los camiones. Había que usar botas, jackets gruesos, guantes y en lugar de
gorras era mejor un pasamontaña por que protegía el rostro, sin contar los polos y pantalones
térmicos Para calentarnos un poco íbamos a ayudar a don Pepe que era como nuestro jefe.
Él se encargaba de encender los calentadores que se colocaban en los camiones para que no se
frisen ciertos productos, estos calentadores eran una especie de cocinas delgadas y altas
impulsadas a gas.
Así pasábamos algo cómodos mientras afuera la nieve caía pacientemente derramando su
blancura por calles, techos, puentes y carreteras de esta vieja ciudad no dejando escapar ni el
recodo más escondido de un basement. El viento de cuando en cuando rompía la calma
empujando ahora la suave nevada dentro de los portones, dificultando el trabajo de cargar los
camiones imponiendo sanciones a nuestros cuerpos castigando nuestras manos.
Acabada la tarea de los calentadores regresábamos a manejar el fork-lift, manteniéndonos
siempre en movimiento por que el inmisericorde frío nos llegaba a los huesos nos congelaba
hasta el pensamiento.

Así a veces sentado en algún portón miraba el espectáculo nocturno de puentes y carreteras
que más allá desembocaban en el puerto de Newark, autos y camiones desfilando uno tras otro
interminablemente brillando sus luces como un árbol de navidad. Me preguntaba entonces
como llegué a parar aquí lejos de mi país, como podía haber salido dejando a la familia como
uno de tantos. Me preguntaba entonces que cosa vendría después, como terminaría esta
historia y cuando traería a mi familia. También asomaba el miedo a vivir solo como muchos
inmigrantes viendo crecer a sus hijos a la distancia conviviendo con sus seres queridos a través
del teléfono y el internet. Extrañaba a mis hermanos, a los amigos de toda la vida, a la Lima
querida, húmeda, nublada, sucia, con ambulantes, microbuseros y todo; igual la echaba de
menos igual los recuerdos se juntaban haciéndome un nudo en la garganta.
Encontré una noche a Jimmy trepado en uno de los andamios que se usaban para guardar la
mercadería, estaba allí agazapado con unos binoculares mirando hacia uno de los portones.
Le pregunté qué pasaba y que era lo que miraba, horas después mientras cenábamos me contó
que estuvo chequeando a un pendejo que se escapaba todas las noches. Ese tipo era Omar
apodado “Rambo” y que estaba cansado de sus jodas, decía que era un abusivo y que
finalmente uno de los dos tenía que irse luego haciendo ademanes con sus manos terminó
diciéndome
- Y por supuesto que quien se va, no es precisamente este pechito –
- Ya te he contado que yo me tumbado un montón de cabrones que se creen mucho, que se la
pegan de mandones, especialmente hispanos que son más abusivos que los gringos.
- Llevo cinco años aquí en este país y lo que he aprendido es que no te puedes dejar pisar por
nadie ni de a vainas porque estos pendejos y abusivos joden, joden a su propia gente.
- Suave Jimmy take it easy Jimmy, puta tampoco te creas tanto cabrón.
- Es que tú no sabes nada pues huevón, eres nuevito, te cuento para que no te jodan.
A Jimmy si teníamos que reconocerle que era un excelente trabajador muy disciplinado,
inteligente y perfeccionista; casi un vicioso del trabajo creo que para él ya no era un oficio era
más bien una obsesión.

Era una forma de mantenerse ocupado y que su cabeza no piense no se diera cuenta que la
soledad lo agobiaba, no quería sentir la ausencia de amigos esa falta de amor de parte de su
familia. Deseaba olvidarse de sus propios demonios de sus odios cansado de ser un marginal
deseaba simplemente estar ocupado dormir y luego comenzar otra vez.
Poco a poco iba descubriendo que perdía sus amistades y no podía controlar su genio su
carácter lo traicionaba y terminaba siempre como el escorpión, haciendo daño.
Nunca tuvo buenas relaciones con sus colegas del trabajo salvo con Don Pepe a quien si
respetaba por su edad.

Así una noche comprobó que “Rambo” se escapaba del warehouse por algunas horas en la
madrugada, continuó siguiéndole los pasos logrando que lo sorprendiera el supervisor boricua
Rudy y por lo tanto le echara el ojo hasta que finalmente una noche le comunicaron que estaba
despedido.
Omar que si tenía papeles nunca imaginó que su “lorna” e indocumentado a quien ellos lo
llamaban “chancadito” le hiciera tremenda jugada para botarlo del warehouse, cosa que se
enteraría muchos meses después.
De allí para adelante Jimmy se sintió el rey del warehouse era un pavo real que hacía
ostentación de su poder y además insinuaba que se le tenía que temer.
Un buen día muy temprano coincidimos en la panadería, siempre llena de gente haciendo cola
para el pancito y el cafecito misma casa del jabonero, el que no cae resbala. Casi todos se
conocen, ahí estaba también la famosa señora que dicen cubana, algo gordita ya entrada en
años, sentada en su mismo sitio tomando su café al lado de su inseparable bastón. Ella paraba
allí casi todos los días como parte de la escenografía de ésta concurrida panadería de la ciudad
en el 2001.
Nos saludamos con Jimmy, nos sentamos a tomar desayuno a pesar que nuestra amistad ya no
era la misma. Me estuvo comentando del trabajo, reclamándome sobre unas paletas que yo
habría movido sin su autorización. Solo me reí y le dije que no estábamos en el trabajo y que se
olvidara del asunto.

De pronto me dijo – Puta este vaso estaóáá medio quebrado voy a cambiarlo – Yo le dije que
solo estaba un poco chancadito que no era para tanto.
- Oye está chancadito como tú – le dije sonriendo.
Se molestó de la broma y me preguntó repetidas veces quien le había puesto esa chapa.
En realidad, yo sabía quién se la puso, pero no era necesario decírselo él insistía saber por qué
ese sobrenombre, yo le daba gusto con algo de maldad.
- Dicen que por la carabina compadre, ósea la pepa, el cacharro pues JImmy - El miraba como
distraído a otro lado y repetía – chancadito, no, chancadito; puta que pendejos.
Jimmy un poco alzado y vanagloriándose de su supuesto poder y de considerarse fijo en el
trabajo cometió el error de sentirse intocable.
Como ocurre siempre la temporada baja llegó y diariamente salíamos más temprano de lo
normal, pero Jimmy siempre salía más tarde para acumular sobretiempo.
Recibió un aviso de la compañía por esta acción, pero él continuo sin hacer mayor caso.
Jimmy seguía enceguecido por su vanidad y el abuso del sobretiempo paso a mayores. Una
noche al llegar a la ventanilla del gringo Fred, rutina que hacíamos todas las noches al llegar al
warehouse y éste le dio la mala noticia que ya no pertenecía a la empresa y por lo tanto sus
servicios habían terminado esa misma noche.

Estaba yo afuera del warehouse junto al camión de comida comprando un café, cuando bajo él
y me dijo algo. La noche estaba fría y aunque no había nevado soplaba un viento helado que
nos hacía temblar. En ese momento entraban una serie de camiones que llegaban para dejar su
carga haciendo un gran ruido. No lo escuche bien y cuando pasaron los camiones y el ruido me
dijo que necesitaba un taxi para ir a su casa. Él no sabía mucho de este servicio porque siempre
esperaba a alguien que lo llevara hasta el paradero más cercano para tomar su bus. Le dije que
de allí a casa le iba costar más o menos veinte dólares y luego de aceptar le pedí la movilidad.
Mientras esperábamos el carro se quedó callado y no habló absolutamente nada así estaba
Jimmy el sabelotodo el que se creía intocable estaba jodido. Quizás recordaba ese momento
nuestras conversaciones cuando hablamos que mucha gente creía que los gringos eran uno
cojudos y que uno se los podía pasear cuando quería, nada más falso y nosotros que habíamos
visto bastante lo sabíamos él lo sabía. Jimmy que había peleado contra los abusivos y pendejos
de todas las factorías había terminado igual que ellos haciendo ostentación de su poder y de
cuando en cuando jodiendo a los novatos. Cuando apareció el taxi nos acercamos y abrió la
puerta, con la mirada distraída me dio la mano mientras repetía – me botaron, puta me
botaron, que pendejos, que pendejos. De pronto inesperadamente antes de entrar al taxi me
dijo:
- Mira el faro de este carro, aquí en este costado, te diste cuenta, esta chancadito, jeje
chancadito como yo – me dijo sonriendo.
- Oye Jimmy, mientras, puedes ir a buscar chamba en Abecco o en el Mostro.
- Mira compadrito este pechito nunca, me escuchas, este pechito nunca se va a quedar sin
chamba huevón, yo mismo soy, mañana mismo me consigo otra cosa mejor que esta.
El taxi partió y se llevó a Jimmy dentro con todos sus resentimientos y sus odios, algo era cierto
Jimmy nunca se quedaría sin chamba como él decía por que la chamba era su vida el mejor
remedio para olvidar sus pesadillas.
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