La Muranga en las Delicias de Villa.

Por Néstor Rubén Taype 


El enorme basural estaba pasando la tercera zona de las Delicias de Villa. Oye Carlos, Juan, Rafael y Flavio el pecoso, vamos a conocer ese lugar que el chato "cuatro latas" no ha contado tanto. Y fuimos para conocer. Preparamos algunas bolsas para traernos juguetes y cosas bonitas que así contaban los chicos de la zona. Caminábamos descalzos en esas arenas casi vírgenes de la Villa de los sesenta, eran arenas santas aún. Hay que llevar las zapatillas, allí si puede haber vidrios y cosas que nos pueden dañar los pies, dijimos. Flavio el pecoso era bien aventado y se iba adelante. llevábamos palos como el tamaño de un baston porque los malditos perros salían a mordernos, cada casa tenía como dos y hasta tres perros, algunos salían moviendo la cola y otros arremetían a morder. Media hora de camino ya llegábamos, ya llegábamos. La mayoría de las casas eran de esteras y solo algunas de cemento. Por fin encontramos el famoso pozo de la tercera zona y jalamos la soga con el balde de agua y tomamos hasta saciarnos y de paso nos mojamos un poco. Oe, todavía nada Flavio?  - ya falta poco no jodan. 

Esa Villa de los sesentas con terrenos de mil metros cuadrados, eran para hacerse unas casotas, pero dicen que nuestros padres estaban obligados a tener animales, ósea, pollos, gallinas, patos, palomas y por eso en mi casa había todo eso. Un rato nos quedamos en el camino correteando a una manada de ovejas que pastaba una familia de la zona. Iban con perros pastores y una media docena de chicos entre ellas la unica mujer una chibola a quien la conocíamos como la "chivatera" era bacán ver como corrían las ovejitas y los perros las cuidaban. Se iban camino a la parte baja de Villa donde si había pasto y agua. Bajando del arenal había una gran franja verde y pantanos donde se alimentaban las ovejitas. De allí estaba separado por la pista larguísima que iba hasta Pachacamac. La pista que separaba como una frontera estaba la bellísima hacienda Venturo, enorme y llena de sembríos en la que un larguísimo camino, terminaba en la playa, una bien brava que mi mama nunca nos dejó bañarnos. La playa se llenaba de carros lujosos y muchos visitantes del club Villa que dicen eran los ricachones de Lima que venían a solearse a la playa a jugar golf y tennis, así era esa zona llamada las delicias de villa en los años sesenta.

Por fin llegamos al tremendo basural, era grandísimo, allí estaba toda la basura limeña sus desperdicios, que incluía también comidas de los restaurantes.  Con las zapatillas puestas paseamos por ese horrible lugar y buscábamos algo que sirviera. Una pelota vieja pero inflada, una raqueta rota, soldaditos y muñecas para las hermanitas. Encontramos una caja pequeña pero que tenía grabada en la tapa una figura como la de un árabe gordo. Al moverla hacia ruido y fuimos a un lado y abrirla, tenía un ganchito medio oxidado y ese sonido parecía plata o algo. después de romper el seguro con mucho cuidado lo abrimos y solo había vidrios rotos y era eso lo que hacía ruido. En un lado del basural había criadero de chanchos que comían basura del muladar, chanchos gordos y sus dueños que nos querían botar. Un chanchito salió y lo correteamos y lo agarramos, era pequeño y los acariciamos, era nuestra mascota. Salio de pronto uno de los dueños con un palo a pegarnos, soltamos chanchito.

La Muranga era enorme y la gente siempre iba a buscar cosas y los chancheros tenían comida asegurada para sus animales. No sabemos que fue después la Muranga, ya no regresamos más. Pero fue un sitio para divertirnos, como lo fue el cerro la estrella para jugar a la guerrita. Detrás del cerro la estrella en la primera zona encontramos un montón de huecos que eran de la guerra con Chile, más alla estaba San Juan de Miraflores. Esas trincheras estaban llenas de huesos y balas, mochilas y arena negra. Y abajo de la primera zona estaba también "la calichera" un abismo de arena que era nuestro lugar de aventuras. Tirarnos desde arriba y caer en la arena como si fuera un colchón. Ese lugar se llenaba de agua y servía como una piscina, el agua solo te llegaba hasta cintura, no era muy honda y era segura como para no ahogarse. Pero, había después de las trincheras del cerro la estrella, pasando otra loma, una tremenda laguna que la llamaban "La laguna de las brujas" en las que si se ahogaron muchas personas. era una laguna en pleno  desierto. 

A cada propietario de las Delicias de Villa les asignaron un terreno de mil metros cuadrados. Siempre imagine que partiendo de cero Villa sería una gran ciudad moderna, con casas hermosas y una gran metrópoli. Fuimos pioneros en esos años de colocar las primeras pistas con hormigón, ripió y piedras que los vecinos impulsaron y que nosotros niños ayudábamos como podíamos. Pero, hoy a la distancia cuando nos acercamos a sus videos vemos que el progreso no ha sido mayor, que hay pobreza y líos, robos, y una ciudad algo desordenada. Ojalá que se organicen y hagan de villa una delicia para vivir como dice su nombre original "Las Delicias de Villa"




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